sábado, 11 de julio de 2015

Quepos, Costa Rica

5 de julio del 2015

La soledad es una delicatessen, costosa pero sabrosa. El problema con lo gourmet es que a pesar de su excelencia, no siempre puede aprovecharse y su acceso es limitado. Su abuso puede traer consecuencias económicas pero en este caso, de personalidad -aunque la primera no se descarta-. Por ejemplo, en este momento estoy frente al mar, bajo un almendro, la calle principal a mis espaldas, y guardo el temor de ser asaltado, que no sé si es prudencia y exageración. Quien sabe si acompañado al menos disimularía más esa sensación o me sentiría menos inseguro tal vez, así que un costo extra se paga. Esto es sólo para ilustrar una caricatura algo más menos nostálgica y más superficial.

Huele bien, huele a mar salado que se estanca luego de que la marea baja en la madrugada. Huele a despedidas también, de quienes conocí y probablemente no volveré a ver, porque aunque la voluntad la derrote- querer es poder, dice-, la distancia corroe los encuentros que el universo nos depara. No siempre es cierto, y por eso elevo la voluntad como heroína de esta historia.

Hoy mismo la vida vuelve a ser la misma. Llegado a casa debo limpiar el baño, hacer lavandería, ver a la abuela, llamar a los padres, deshacer la maleta de escape y dormir temprano para madrugar en el trabajo, como un humano más. Pero ahora no, ahora huele bien, huele rico, a misión cumplida, a cana al aire. Las gaviotas están sumergiéndose en el agua empozada, esperando lo que les depare hoy la marea, igual que yo todos los días, víctima de mis circunstancias y lo que me rodea. Pero estoy en mi charco, en mi mundo, dando un ligero sorbo a la catarsis.

Escucho el sagrado inspirar del viento, el aspirar del mar, el baile de las hojas y el caer de los frutos como si fuera parte de ellos. Quien me lea pensará que así las cosas, ¿quién quisiera regresar? Pues yo. Soy prisionero de mi cotidianeidad, rehén del síndrome de Estocolmo, donde mi secuestrador soy yo mismo. Voy de vuelta a las risas de siempre, los silencios placenteros, las cosas conocidas -algunas desconocidas-.

Voy a la ciudad y luego a la montaña como el ermitaño que soy, a barajar las cartas para mi nocturno juego de solitario, dos, tal vez tres. A escuchar la música de siempre, que no me agota. A ver como me decoloro, lentamente como un árbol que no crece si lo miraran por tímido, pero que crece, buscando el sol, buscando luz. Voy a enmendar errores para caer en otros nuevos, que de eso se trata la vida.

Pero ahora no. Ahora, solo huele rico.

viernes, 12 de junio de 2015

Mi tibieza

Me parece que llegó el momento
de vivir un poco en la tibieza

Mi corazón está cansado de
los extremos de conciencia

Miro a la izquierda y derecha
Voy sin rumbo ni meta fija

Frente en alto y paso seguro,
voy mirando la tierra que se pisa

Ya no quiero verme más aquí,
de esto mi fuego con nada se atiza

Quiero otros mundos,
pero los busco sin prisa
Improvisando.

Enfrento mis demonios con temblor de alma,
pero todo es abrir los ojos.
Ensayando.

El tiempo que pasó ya fue,
y el que vendrá, no sé. 

El tiempo que se va no puedo abandonar,
pues las estrellas perduran.

Y nosotros, su polvo, también.

viernes, 29 de mayo de 2015

Coco amargo

Iba con prisa, su bus estaba pronto a partir sin ella. Estaba a 50 metros de la parada y aún así su abandono era inminente. Decidió trotar las últimas zancadas para asegurarse de no tener que esperar el siguiente transporte. Yo iba tranquilo pues habían personas esperando el mismo bus y aún no era la hora, pero ella quería ser precavida. Me rebasó dejando su fragancia a shampoo de coco taladrada en mi frente. Era muy bella, la primera vez que la veía por aquí. Al girar la esquina, una buseta pasó llena de machitos que comenzaron a lanzar los peores improperios -piropos, les dicen los sinvergüenzas- a la rizada joven. Vi su rostro cuando quedo su perfil frente a mi... no pudo evitar que el dolor se apareciera en sus ojos, las comisuras de la boca, su ligeramente fruncido ceño, su cabeza baja, como quien no tolera la vergüenza. La buseta incluso tuvo el descaro de bajar la velocidad, y el chofer le silbó tan estridente y vulgarmente que sus pasajeros debieron detener sus cochinos alaridos para explotar de la risa, y siguieron su rumbo, sintiéndose satisfechos. Ahora ella dejó de trotar, herida, se sentía tocada, sucia, culpable sin saber por qué. Sujetaba su bolso marrón con fuerza bajo el brazo y con sus dos manos como si alguien amenazara con arrebatarselo de sus pálidos dedos. Se sonrojó, por ira, vergüenza, miedo, qué sé yo. Siguió andando los últimos metros hasta la parada, con el bus aún abordando, sumergida en un mar de sentimientos de enojo y dolor y confusión de la que era víctima todos los malditos días.

Encontró sentada a quien parecía ser una amiga, y como emergiendo del agua luego de un frío chapuzón, reaccionó a su caluroso saludo. Su amiga parecía estar pronta a parir, su barriga daba la impresión de no tolerar ni una patadita de la criatura, y su ombligo se asomaba tiernamente bajo la blusa. Se besaron dos veces, se abrazaron. La joven rizada se acuclilló y con una total transformación en su rostro, recostó su cabeza en la barriga de su amiga, ambas sumergidas en un mar de calma, ternura, amor, en acompañada soledad. Quién sabe cuantas veces su panzona amiga pasó por un dolor agudo como ese. A quién acudir ante tal sufrimiento si no hacia el género oprimido, hacia la compañera agredida, ¿la mujer solitaria? ''Maldita sea'' pensé yo, cuando no logré entender este asco de mundo que a veces se vuelve hermoso asomando el ojo del huracán. Pasé de nuevo a su lado, respirando de nuevo ese querido aroma a shampoo de coco, amargo por mucho sol, y mi cómplice silencio.

miércoles, 8 de abril de 2015

Poema 45

Me vierto.
Mi escritura es explosiva por
la cobardía de no tolerar las vocecitas en
mi cabeza, como recipiente séptico en
mantenimiento, que si no se trata, deviene
el caos más desastroso.

Me callo.
El silencio es mi pareja más leal,
que me traiciona cuando lo merezco
para sarandear mi voluntad.

Me veo.
Mi reflejo no me soporta,
y yo a él tampoco.
Despeinado, descuidada la barba,
calavérico, pálido, sin gracia.
Pero qué mirada, profundamente perdida
y a la vez encontrada.

Me muero.
Yo ya viví,
que mi espacio y mi aire lo aprovechen otros.
¡Qué vértigo el olvido! Qué vacío es el fin.
Pero pleno viví, sin un aliento al desperdicio,
sin una vana sonrisa, o una merecida bofetada.
Ya viví,  feliz y triste, viví,
que es como debe ser.

Yo luché.
Contra las injusticias y violaciones de este mundo,
por los indefensos con hambre,
y con las mujeres oprimidas,
yo luché.
Que esto no se me reproche,
si los camaradas se raspan para revelar
un hipócrita mojigato, envenedado por su falta de injerencia.
Pero yo luché.

sábado, 21 de febrero de 2015

El Manifiesto Comunista de Marx y Engels: 167 años después

En un día como hoy, 21 de febrero de 1848, la Liga Comunista publica en Londres el Manifiesto Comunista, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels.

Sin lugar a dudas, un planteamiento que al día de hoy continúa siendo uno de los más influyentes a nivel mundial, por la certeza de sus ideas, la claridad de su mensaje, y la sinceridad de sus palabras. Fue un paso que comenzó la construcción de un movimiento internacionalista que buscaba organizar al proletariado mundial bajo la bandera del partido socialista. Hoy, el grito final de "Proletarios de todos los países, uníos!" al contrario de perder su actualidad, se convierte en una necesidad palpable en cualquier lugar donde se encuentre una trabajadora o trabajador, que precise ser emancipado de la enajenación del yugo capitalista. "Mi fe en el futuro comunista de la humanidad -relataría León Trotsky casi 100 años después antes de ser asesinado por el estalinismo en México- no es menos ardiente, al contrario, es más firme hoy".

Los trotskistas de la Liga Internacional de Trabajadores - Cuarta Internacional hoy hacemos eco de esas palabras, siendo conscientes de que la cosecha de la lucha es lenta, pero la más satisfactoria que el ser humano puede plantear.

"Las clases dominantes -concluyen Marx y Engels en su Manifiesto- pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar".

Corran camaradas, el viejo mundo está quedando detrás nuestro, el nuevo se avecina a la vuelta de la esquina, si no mañana, el día siguiente. Si no vencemos hoy, lo harán nuestros hijos, y seremos libres de romper las cadenas que nos atan. Y podremos volar para volver a ser nosotros mismos, mujeres y hombres viviendo en paz y armonía. Un mundo sin clases, sin opresión, sin patriarcado. Volverás a ser vos, y volveré a ser yo. Viviremos en el mundo que tantos han derramado sangre por soñar y transformar, compañeras y compañeros de conquistas. Mazo a mazo, paso a paso, latido a latido. Si, ¡seremos libres! ¡Ni un paso atrás! ¡PROLETARIOS, UNÍOS!

sábado, 7 de febrero de 2015

É isso

No me dejés morir, Brasil
Que desafiando la juventud
Me voy para volver.

Siempre que parto, Brasil
Sujeto tu mano fuerte
Para en la melancolía no caer.

Continua luchando, Brasil
Que tu mudanza es la nuestra
Latinoamérica tiene que ver.

Mandame una carta, Brasil
Contame que eso fue
Todo lo que querías, Brasil
Todo lo que querías ser.

jueves, 8 de enero de 2015

Un nuevo calendario

Hagamos un calendario nuevo, amiga
que este ya no nos sirve.
Lo hacemos con días elásticos como liga
para que los años ya no cuenten, viste?

No tiene que llamarse calendario
eso ya es viejo y aburrido.
Vivamos el día a diario,
contar los años ya está corroído!

Que el tiempo nos sirva y no al contrario,
nos vendemos muy barato.
Santo! Decía mi abuela
la vida es un sólo acto!

Las horas nos cuentan
y con eso la harina nos sueltan.
Los años añejan los bienes
y carajo,
Se acaran por cienes.

Así que patrón, escúcheme usted
Bájeme ese calendario de la pared
Hagamos un mundo diferente
Para pasar el resto de tiempo con nuestra gente