Flota en mis manos un secreto soñado y ajeno.
Es un silencio sin nombre, tímido, penetrante.
Su mirarda indirecta evita revelarme verdades
que oculta entre arbustos de dedos y uñas,
unas serias, otras sucias.
Desafinada entereza de innecesaria elegancia
cruza por las palmas sudadas.
Y yo me derrito en ansias, mirando,
cuestionando lo que tengo y lo que hallo.
Sufro un temor latente de abrir el cerrojo de mis manos
y ver volar el tesoro que te escondo.
Me derramo en rezos torpes, para todos y para nadie
evitando tropezar en el conocido abismo de la duda.
Siempre habrá ese nuestro lado explosivo
Sediento de roces de pieles y susurros al oído
Lo recuerdo con cada saludo y todas las despedidas
Y luego lo olvido, se me va, hasta verte al otro día.
Querido e impermanente secreto
Sueño ajeno pero compartido
Dejame llevarte de las manos al pecho
Para mostrarte lo profundo que en mí has sido.
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